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¿Mide el test de Torrance la creatividad? Una pregunta que sigue abierta

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Etiquetas: Investigación sobre creatividad · Evaluación psicológica · Pensamiento divergente

El Test de Pensamiento Creativo de Torrance (TTCT, por sus siglas en inglés) es, desde hace décadas, el instrumento de evaluación de la creatividad más utilizado en el mundo. Su arquitectura conceptual descansa sobre una premisa bien conocida en la literatura: la creatividad puede ser operacionalizada a través de cuatro dimensiones cognitivas fundamentales — fluidez, flexibilidad, originalidad y elaboración —, formuladas originalmente por Guilford (1967) y adoptadas por Torrance como base tanto de su teoría como de su batería de evaluación.

Sin embargo, un artículo publicado en 2008 por Leandro Almeida, Lola Prieto, Mercedes Ferrando, Emma Oliveira y Carmen Ferrándiz plantea una pregunta incómoda: ¿se sostiene empíricamente esa estructura cuando el TTCT se aplica en contextos culturales distintos al norteamericano? Los datos obtenidos en España y Portugal sugieren que la respuesta es, en gran medida, negativa.


La lógica del test y su supuesto estructural

El TTCT existe en dos versiones paralelas: verbal y figurativa. Ambas están diseñadas para evaluar las mismas cuatro dimensiones cognitivas en diferentes formatos y tipos de tareas. La hipótesis de validez de constructo que subyace al test es relativamente clara: si fluidez, flexibilidad, originalidad y elaboración son funciones cognitivas estables que definen la creatividad de un sujeto, entonces esas dimensiones deberían emerger como factores consistentes y replicables a través de las distintas subtareas del instrumento — con independencia del formato específico de cada tarea.

Dicho de otro modo: si el test mide lo que afirma medir, los factores obtenidos mediante análisis factorial deberían agruparse en torno a las dimensiones cognitivas, no en torno a las tareas. Un sujeto creativo debería mostrar originalidad tanto al completar un dibujo como al generar usos inusuales de un objeto, porque la originalidad sería una propiedad de su pensamiento, no de la tarea que está realizando.


Lo que encontraron los datos

Los autores presentan los resultados de tres estudios empíricos independientes, llevados a cabo con muestras de niños y preadolescentes en España y Portugal (N = 649, N = 595 y N = 310, respectivamente). En los tres casos, se aplicaron versiones de las formas verbal y figurativa del TTCT y se realizaron análisis factoriales de componentes principales con rotación varimax.

Los resultados son consistentes entre sí y marcadamente discrepantes respecto de las expectativas teóricas. En ninguno de los tres estudios los factores identificados corresponden a las dimensiones cognitivas postuladas por Guilford y Torrance. Los factores que emergen del análisis no agrupan las puntuaciones de fluidez entre subtareas, ni las de flexibilidad, ni las de originalidad. En cambio, los factores se organizan en torno a las subtareas específicas del test: el Factor I agrupa todas las puntuaciones de la Subtarea 3, el Factor II las de la Subtarea 2, y así sucesivamente.

La única dimensión que muestra cierta consistencia transversal es la elaboración — precisamente aquella considerada, en la literatura especializada, como la menos central para la definición de la creatividad. Las dimensiones supuestamente nucleares — fluidez, flexibilidad y originalidad — no logran articular factores estables que trasciendan la especificidad de cada tarea.


Qué implica este hallazgo

La interpretación que proponen los autores es directa: lo que determina el rendimiento de los sujetos en el TTCT no son tanto sus capacidades cognitivas creativas como las demandas específicas, el formato y el contenido de cada tarea. En otras palabras, el instrumento mide, en buena medida, la habilidad para resolver ese tipo particular de tarea — no una capacidad creativa general que se expresaría de manera consistente a través de distintos contextos de evaluación.

Esto no implica necesariamente que el TTCT carezca de valor como herramienta de evaluación, pero sí pone en cuestión el supuesto que le otorga coherencia teórica: que las cuatro dimensiones cognitivas constituyen una estructura estable y generalizable de la creatividad. Si esa estructura no se sostiene en los datos, la validez de constructo del instrumento queda comprometida — al menos cuando se aplica a poblaciones infantiles y preadolescentes fuera del contexto norteamericano.

Los autores señalan dos hipótesis complementarias que merecen investigación adicional. La primera concierne al factor edad: es posible que la consistencia de las dimensiones cognitivas sea mayor en sujetos adultos, para quienes el test podría estar mejor calibrado. La segunda concierne al diseño de las tareas: si las demandas específicas de cada subtarea distorsionan la expresión de las dimensiones cognitivas, quizás sea necesario desarrollar tareas más neutras que permitan una expresión más limpia de esas funciones.


Una pregunta más amplia sobre la evaluación de la creatividad

El artículo de Almeida y colaboradores se inscribe en un debate más amplio sobre la evaluabilidad de la creatividad como constructo psicológico. Medir la creatividad implica asumir que existe algo estable, generalizable y cuantificable que llamamos “pensamiento creativo” y que se expresa de manera reconocible en distintos contextos. Los datos aquí presentados complican esa suposición: si el rendimiento en tareas de creatividad está tan fuertemente determinado por las características de la tarea, entonces lo que los tests miden podría ser mucho más situado y dependiente del contexto de lo que la tradición psicométrica ha querido admitir.

Para quienes trabajan en el campo del desarrollo creativo — ya sea en educación, en coaching o en investigación —, este hallazgo tiene implicancias prácticas. Las puntuaciones en tests de creatividad deben interpretarse con cautela, especialmente cuando se utilizan como indicadores de una capacidad general transferible. La creatividad, como sugería Vygotski desde otro ángulo teórico, podría resistir sistemáticamente las herramientas diseñadas para capturarla en condiciones estandarizadas y descontextualizadas.


Fuente original: Almeida, L. S., Prieto, L. P., Ferrando, M., Oliveira, E., & Ferrándiz, C. (2008). Torrance Test of Creative Thinking: The question of its construct validity. Thinking Skills and Creativity, 3(1), 53–58. https://doi.org/10.1016/j.tsc.2008.03.003