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El modelo componencial de la creatividad de Amabile. Cuando el entorno se convierte en variable.

El modelo componencial de la creatividad de Amabile

Etiquetas: Investigación sobre creatividad · Motivación intrínseca · Psicología social · Teoría componencial

En 1983, la bibliografía científica acumulada sobre creatividad abarcaba más de cuatro siglos y se aproximaba a las 7.000 entradas. De ellas, Teresa Amabile señaló que menos de 138 estaban dedicadas a influencias sociales o ambientales — y en muchas de esas, la “variable social” no era más que la clase social. Los estudios experimentales sobre influencias sociales en la creatividad eran, en sus palabras, “excesivamente escasos”. Esta observación constituye la provocación inicial de un artículo que se convertiría en una de las contribuciones más citadas de la investigación sobre creatividad del siglo XX: no porque resolviera las preguntas de larga data del campo, sino porque las reformuló de manera fundamental.


El diagnóstico: un programa de investigación incompleto

La crítica de Amabile al paradigma dominante es precisa y vale la pena rastrearla con cuidado. La investigación sobre creatividad había estado dominada, argumenta, por un enfoque de rasgos — el intento de identificar las diferencias de personalidad estables que distinguen a los individuos creativos de los no creativos. Este enfoque había producido un conjunto característico de puntos ciegos: una concentración en la persona creativa a expensas de las situaciones creativas; un foco estrecho en los determinantes intrapersonales a expensas de los externos; y, dentro de los factores intrapersonales, un privilegio implícito de las características fijas, “genéticas”, por encima de las moldeadas por el aprendizaje y el contexto social.

La consecuencia no era meramente una laguna en la literatura. Un enfoque puramente orientado a los rasgos conlleva, argumenta Amabile, el supuesto implícito de que la creatividad no puede alterarse significativamente y de que las personas creativas producen trabajo creativo de manera consistente en prácticamente cualquier dominio. Ninguno de estos supuestos, sostiene, tiene respaldo empírico sólido. El modelo componencial se propone como una corrección: un modelo que conserva los aportes de los enfoques de personalidad y cognitivos, pero los integra con variables sociopsicológicas que habían sido sistemáticamente ignoradas.


Definir la creatividad: dos niveles complementarios

Antes de construir el modelo, Amabile aborda el problema del criterio del campo — el persistente desacuerdo sobre qué es la creatividad y cómo debe evaluarse.

Distingue dos niveles de definición, cada uno con una función distinta. Para la investigación empírica, propone una definición operacional consensual: “Un producto o respuesta es creativo en la medida en que observadores apropiados coinciden independientemente en que lo es. Los observadores apropiados son aquellos familiarizados con el dominio en el que se creó el producto o se articuló la respuesta.” Esta definición abandona deliberadamente la búsqueda de criterios objetivos y sitúa la creatividad en el juicio social confiable e informado por el dominio — posición que Amabile defiende por analogía con otras evaluaciones psicológicas que son inevitablemente subjetivas pero científicamente tratables.

Para propósitos teóricos, sin embargo, también es necesaria una definición conceptual. Amabile propone que un producto o respuesta será juzgado como creativo en la medida en que sea a la vez novedoso y apropiado, útil, correcto o valioso — y, de manera crucial, que la tarea de la que surgió sea heurística más que algorítmica. Las tareas algorítmicas son aquellas para las que existe un camino de solución claro y directo. Las tareas heurísticas son aquellas para las que no se conoce de antemano dicho camino y deben desarrollarse. Esta distinción tiene un peso teórico considerable: demarca el dominio del comportamiento creativo respecto del dominio del desempeño hábil pero rutinario, y se convierte en el eje sobre el cual gira el análisis posterior de Amabile sobre la motivación extrínseca.


Los tres componentes

El modelo identifica tres componentes, todos los cuales se proponen como necesarios para la producción creativa y ninguno de los cuales es suficiente por sí solo. Su relación es multiplicativa: la ausencia de cualquier componente es suficiente para impedir la creatividad por completo, y el nivel de cada uno modula de manera independiente el nivel general de producción creativa.

Las habilidades relevantes para el dominio constituyen el conjunto completo de posibilidades de respuesta del individuo dentro de un área de actividad — su conocimiento factual, habilidades técnicas, talentos específicos del dominio, y familiaridad con los paradigmas existentes y los “guiones de desempeño” del campo. Este componente funciona como el material a partir del cual se sintetizan las respuestas creativas y frente al cual se evalúan las respuestas candidatas. Amabile es explícita en que, contrariamente a una noción popular, “no es posible tener demasiado conocimiento.” Un mayor conocimiento relevante para el dominio solo puede aumentar el potencial creativo, siempre que ese conocimiento esté organizado según principios generales en lugar de algoritmos estrechos y de aplicación contextual.

Las habilidades relevantes para la creatividad representan el “algo más” del desempeño creativo: las capacidades cognitivas y personales que determinan si una persona, dado un dominio adecuado, abordará un problema de una manera genuinamente generativa. Este componente incluye un estilo cognitivo caracterizado por la facilidad con la complejidad y la capacidad de romper el set — de abandonar caminos improductivos, mantener opciones de respuesta abiertas, suspender el juicio, utilizar categorías amplias en lugar de estrechas, y salir de los guiones de desempeño bien practicados. También incluye el conocimiento de heurísticas para generar ideas novedosas — no reglas algorítmicas, sino principios generales de aproximación que aumentan la probabilidad de ruptura del set y la novedad. Finalmente, engloba un estilo de trabajo propicio: la capacidad de concentrar el esfuerzo durante períodos prolongados y practicar lo que Amabile denomina el “olvido productivo” — el abandono estratégico de direcciones de búsqueda infructuosas.

La motivación hacia la tarea es el componente a través del cual las variables socioambientales entran en el modelo de manera más directa. Amabile distingue dos elementos: una actitud basal hacia la tarea, formada por la evaluación cognitiva de hasta qué punto la tarea se corresponde con los intereses y preferencias existentes; y las percepciones en el momento de las razones propias para involucrarse en la tarea, que están fuertemente influenciadas por las condiciones externas. La proposición central es que la motivación intrínseca — el involucramiento con una tarea vivida como un fin en sí mismo — es propicia para la creatividad, mientras que la motivación extrínseca — el involucramiento orientado principalmente hacia el logro de algún objetivo externo — es perjudicial. Esta no es simplemente una afirmación sobre preferencias; es una afirmación estructural sobre cómo la orientación motivacional moldea los procesos cognitivos que la creatividad requiere.


La secuencia del proceso y el papel de la motivación

Amabile describe una secuencia de cinco etapas a través de las cuales interactúan los tres componentes. La tarea primero se presenta o se autopropone; se activan y preparan las habilidades relevantes para el dominio; se generan posibilidades de respuesta mediante una búsqueda de los caminos cognitivos disponibles; una respuesta candidata se pone a prueba en cuanto a corrección o adecuación frente a los criterios del dominio; y se toma una decisión sobre si el resultado constituye éxito, progreso parcial o fracaso — con cada resultado retroalimentando la motivación hacia la tarea para los intentos posteriores.

La intuición fundamental concierne a lo que ocurre en la etapa de generación de respuestas. Cuando una persona está intrínsecamente motivada, la atención se distribuye ampliamente a través de la tarea y su entorno, incluyendo aspectos que no son obviamente relevantes para alcanzar ningún objetivo particular. Esta apertura atencional amplia es precisamente lo que requieren las heurísticas creativas — la disposición a explorar caminos aparentemente laterales, asumir riesgos cognitivos, atender a características incidentales que podrían constituir vías de solución inesperadas.

La motivación extrínseca estrecha esa apertura. Apoyándose en el análisis de Simon (1967) sobre el control motivacional de la atención, Amabile argumenta que el comportamiento extrínsecamente motivado está “dirigido estrechamente hacia el logro del objetivo externo que ha sido impuesto.” Cuanto mayor es la dependencia de contingencias externas — sean recompensas, expectativas evaluativas, plazos o vigilancia — menos espacio cognitivo queda para la exploración, la ruptura del set y la asunción de riesgos de las que dependen las tareas heurísticas. El individuo recurre a los algoritmos de respuesta existentes dentro de su repertorio de habilidades del dominio; puede resultar un desempeño adecuado, pero el desempeño creativo es sistemáticamente menos probable.


Evidencia empírica y la distinción algorítmico-heurístico

Amabile aborda un conjunto de hallazgos aparentemente contradictorios que su modelo debe explicar. Estudios dentro de la tradición de modificación de conducta habían mostrado que el desempeño creativo podía aumentarse de manera confiable recompensándolo — cuando se premiaba la fluidez, los sujetos se volvían más fluidos; cuando se premiaba la originalidad, se volvían más originales. Esto parece contradecir directamente la hipótesis de la motivación intrínseca.

La resolución reside en la distinción algorítmico-heurístico. En los estudios de modificación de conducta, se le dijo explícitamente a los sujetos qué debían hacer para producir una respuesta creativa; al especificar los criterios de antemano, las tareas se convirtieron efectivamente en algorítmicas. Bajo esas condiciones, la motivación extrínseca mejora el desempeño — porque la tarea ya no requiere la exploración atencional amplia que la motivación intrínseca favorece y que la motivación extrínseca clausura. Amabile puso a prueba esta interpretación directamente en un experimento en el que los sujetos realizaban collages de papel: las expectativas de evaluación redujeron la creatividad en una condición heurística estándar, pero aumentaron el desempeño en una condición en la que los sujetos recibieron instrucciones algorítmicas explícitas sobre qué hacía creativo a un collage. La inversión es precisa y predicha.

De su estudio de 1979, también extrae evidencia de que la mera expectativa de evaluación externa — independientemente de cualquier recompensa tangible — es suficiente para suprimir la creatividad en tareas genuinamente heurísticas. Este hallazgo extiende el alcance de la hipótesis del efecto perjudicial de las restricciones extrínsecas considerablemente más allá de la literatura centrada en recompensas.


Implicaciones y alcance teórico

Las implicaciones del modelo se extienden en varias direcciones que Amabile articula explícitamente. Sobre el debate inteligencia-creatividad, el modelo propone que la inteligencia es un componente de la creatividad — necesario pero insuficiente — porque contribuye a la adquisición de habilidades del dominio y a la aplicación de heurísticas creativas, sin ser el único determinante de ninguna de las dos. La heteroscedasticidad de las distribuciones bivariadas de CI y creatividad reportada en la literatura es consistente con esto: en niveles bajos de inteligencia, la creatividad está uniformemente restringida; en niveles altos, otros componentes se convierten en las variables determinantes.

Sobre el entrenamiento en creatividad, el modelo amplía el objetivo de intervención más allá de las heurísticas solas. El conocimiento relevante para el dominio, las habilidades técnicas, los estilos de trabajo productivos y — de manera crucial — la eliminación o reducción de las restricciones extrínsecas salientes en el entorno social son todas vías teóricamente válidas para mejorar el desempeño creativo. La última de estas es la más subestimada y, sugiere el artículo, la más consecuente en términos prácticos: los entornos estructurados rutinariamente en torno a la evaluación, la vigilancia, las recompensas externas y los plazos impuestos externamente pueden estar suprimiendo sistemáticamente el desempeño creativo que ostensiblemente buscan promover.

Amabile tiene cuidado de no generalizar en exceso los efectos motivacionales. Las diferencias individuales en la susceptibilidad a las restricciones extrínsecas son reales y reconocidas. Los individuos altamente experimentados en un dominio que ya poseen algoritmos para generar respuestas que serán juzgadas como creativas pueden no verse perjudicados por la atención dividida; los individuos con una motivación intrínseca extraordinaria pueden estar aislados de las contingencias externas; y algunos individuos pueden ser constitucionalmente menos sensibles a la evaluación social. El modelo acomoda estas variaciones sin verse socavado por ellas.


Un hito, no una conclusión

Amabile caracteriza el modelo componencial explícitamente como “un modelo de trabajo general” más que como una teoría completamente articulada. Los elementos individuales dentro de cada componente aguardan mayor especificación; la lista de factores se propone como un ejemplo del tipo de factores relevantes para cada componente, no como un inventario exhaustivo. Lo que el modelo logra es una reorganización de la pregunta — de “¿qué tipo de persona es creativa?” a “¿bajo qué condiciones emerge el comportamiento creativo?” — que abre el entorno social como un dominio de investigación científica legítimo y tratable. Esa reorganización resultó consecuente: el programa de investigación que inició, centrado en los determinantes sociales y ambientales de la motivación intrínseca y el desempeño creativo, continúa desarrollándose más de cuatro décadas después de la publicación de este artículo.


Fuente original: Amabile, T. M. (1983). The social psychology of creativity: A componential conceptualization. Journal of Personality and Social Psychology, 45(2), 357–376.